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El enfado, una emoción “incómoda”. Consejos para vivirlo de manera más saludable

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El enfado, una emoción “incómoda”. Consejos para vivirlo de manera más saludable

PSICOTERAPIA INTEGRAEl enfado tiene unas funciones evolutivas y biológicas innegables. Ninguna especie de mamíferos hubiera podido sobrevivir sin agresividad, sin una capacidad de respuesta ante las agresiones de otros seres vivos. Y por el hecho de ser mamíferos, los humanos hemos necesitado nuestro enfado para ser viables como especie.

Y sin embargo el enfado se ha cosechado una malísima fama, habiendo incluso quien aboga por eliminarlo de nuestras vidas, procurar no enfadarse con nada ni con nadie, no dejar que esta emoción nos perturbe ya que -consideran- es fuente de conflictos y problemas de salud.

Así pues, ¿mantiene el enfado alguna función adaptativa hoy, en nuestra vida urbana y “civilizada”? ¿O es como un resto arcaico, una reliquia de nuestros antepasados más salvajes que debemos controlar y, como se suele decir, “gestionar” de la mejor manera posible?

En realidad, el enfado es una emoción necesaria para establecer relaciones sanas. El enfado nos moviliza ante situaciones injustas y nos impele a poner límites cuando nos sentimos invadidos o atacados. Hay mucha energía disponible en la capacidad de enfadarse. Y mucha energía queda atascada cuando decidimos mantener nuestro enfado bajo la piel, reprimirlo y disimularlo. Efectivamente, es un precio alto el que se paga por no enfadarse.

Y sin embargo, ¿no es el enfado responsable de muchas rupturas absurdas, de muchos conflictos abiertos, de mucho sufrimiento relacional?

Sí, así es también, así que debemos encontrar el punto en el que el enfado sano y natural sea expresado de manera que no dañe gratuitamente pero tampoco nos mantenga indefensos y deprimidos.

Sí, deprimidos… Dijo Freud que las emociones no expresadas nunca mueren, sino que son enterradas vivas y salen más tarde en formas más feas. La depresión guarda una estrecha relación con la rabia encubierta, con la rabia que no ha podido ser expresada, a veces ni siquiera reconocida, o bien que no ha hecho impacto en el otro, no ha logrado que nada cambie. Y la ansiedad, gran amiga de la depresión tiene a menudo mucho que ver con enfado no permitido, por toda la tensión que conlleva reprimirlo y aguantarlo, y por cómo se puede convertir en miedo si no ejecuta su función correctora.

Probemos a observar el comportamiento de los bebés. Sabemos que desde muy pronto empiezan a expresar enfado cuando sus necesidades no son atendidas en el momento en que las sienten. Por PSICOTERAPIA INTEGRAejemplo, si un bebé tiene hambre y no se le ofrece comida su llanto será enérgico, rabioso, exigente. Al no obtener respuesta puede que se asuste y, de una manera preverbal, visceral, instintiva, “tema” desesperadamente por su supervivencia. Si al cabo de un rato sigue sin obtener satisfacción su llanto se tornará menos vital, más apagado, más triste. Y si este esquema se repite una y otra vez ya no se enfadará más, habremos conseguido extinguir su expresión, hipotecando parte de su vitalidad y energía, y obligándole a tensar crónicamente algunos músculos para contenerlas. Esto nos da una pista de la relación entre enfado reprimido o que no consigue hacer impacto en el otro, y la aparición de síntomas depresivos, ansiosos y psicosomáticos, esa relación que tanto se ve en las consultas de psicoterapia.

Pero por otra parte, debemos recordar que las emociones auténticas son intensas, breves y ligadas a una situación o persona en concreto. Un enfado constante o muy frecuente probablemente nos esté hablando de hábitos y nudos emocionales más antiguos, no de algo  que nos molesta y queremos cambiar en el presente. Si este es tu caso, mi consejo es que busques ayuda para indagar en esos sentimientos.

Algunos consejos para vivir el enfado de forma sana

  • Comienza por reconocerte a ti mismo que te enfadas, y por saber qué cosas te enfadan. Puedes coger una hoja y empezar a escribir lo que no te gusta, lo que no permites, lo que no quieres en tu vida, y con quién estás enfadado. Algunos enfados serán del aquí y el ahora y otros vendrán de muy lejos, como invitados lejanos que se fueron acomodando hasta quedarse a vivir en una habitación de tu casa.
  • Como en tantas otras cosas en el camino intermedio está la virtud. Ni se trata de dar rienda suelta a nuestra ira en cualquier situación y circunstancia, con cualquier persona, ni se trata de perseguir un estado zen en el que el enfado simplemente no existe. Date permiso para estar enfadado si lo necesitas, y entiende también que parte de ser adulto significa tener que elegir el momento y modular la expresión de nuestras emociones en algunas ocasiones.Enfado
  • Admite que otras personas se pueden enfadar contigo. No es tan grave. A veces los enfados ni siquiera tendrán mucho que ver con lo que tú has hecho o dicho sino con lo que trae la persona que se enfada y con qué filtros percibe la realidad. Por otra parte, las relaciones íntimas y significativas están llenas de emociones auténticas, y eso las hace ser aún más íntimas y significativas.
  • Protejamos el enfado de los niños y no tengamos tanta prisa por extinguirlo como conducta no deseada. Es una emoción y debe ser expresada, y debe tener su impacto en el otro. Y esto no quiere decir que debamos ceder a lo que requiere el niño enfadado y convertirlo así en un medio para conseguir un fin, sino tomarnos en serio su enfado, escucharlo ni más ni menos que cuando escuchamos sus tristezas, miedos y alegrías, y darle un espacio en la relación. Lo que hagamos o no con la demanda concreta ya es parte de nuestra decisión de adultos. Y poco a poco, si cuentan con un buen modelo al que imitar, irán descubriendo formas más adaptativas de expresarlo.
  • Di lo que te molesta cuando te moleste, no cuando te hartes. Acumular enfados y llegar al punto en que la olla a presión estalla no es una buena idea. En este momento es difícil poner ningún filtro y podemos acabar soltando las palabras más ofensivas, incluso agrediendo, e infringiendo un daño irreparable en la relación.
  • Si piensas que la represión emocional es un hábito instalado en ti, además de buscar ayuda, trata de compensar la retroflexión muscular con deporte, masaje y técnicas de relajación. Tu salud te lo agradecerá.
  • Entrena tu asertividad. Aprende a pedir lo que necesitas y a no aceptar lo que no quieres. Aprende a decir NO.
  • Si te notas constantemente a disgusto, quejoso, enfurruñado, amargado… eso no es el enfado auténtico y sano del que estamos hablando. Apuesta por explorar qué emociones se han atascado y en qué momentos de tu historia ocurrió.
Verónica Diez Aramburu

Verónica Diez Aramburu es una profesional de la psicología con más de 15 años de trayectoria dedicada al acompañamiento en los planos organizacional, psicológico y educativo. Ha trabajado con diversos colectivos en diferentes circunstancias y estadios evolutivos (niños y niñas, adolescentes, personas adultas y mayores).

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