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¿Qué necesitan los niños de nosotros? Las necesidades relacionales en la infancia.

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¿Qué necesitan los niños de nosotros? Las necesidades relacionales en la infancia.

myles-tan-84040Los niños y niñas necesitan muchas cosas de los adultos. Necesitan protección, cuidados, agua, aire, comida sana y temperatura apropiada. Necesitan un ambiente rico en estímulos, pero no hiperestimulante y con cierto orden interno, un ambiente seguro y relajado, en el que puedan avanzar con sus logros y autonomía. Necesitan normas que les hagan caminar seguros, sabiendo que los mayores en los que pueden confiar conocen “el mapa” y se lo van a ir enseñando poco a poco. Y necesitan límites que no se traspasan por ninguno de los lados de la relación, como el respeto por los demás o el cuidado mutuo.

Además, existe otro tipo de necesidades igualmente importantes y que son esenciales para el desarrollo de un sentido positivo de uno mismo: las NECESIDADES RELACIONALES, es decir, aquellas que se satisfacen exclusivamente en el marco del contacto interpersonal. Estas necesidades están presentes a lo largo de todo el ciclo de vida, pero es en la infancia cuando su no satisfacción puede acarrear mayores consecuencias, y es responsabilidad de los adultos que rodean al niño o niña facilitar su satisfacción, de manera acorde al estadio evolutivo en que se encuentre.

En este artículo expongo algunas ideas sobre cómo lograr que los niños obtengan de la relación con los adultos que les rodean, especialmente los padres, la satisfacción de cada una de estas importantes necesidades, lo que favorecerá un desarrollo afectivo, psicológico y conductual sano.

¿Cuáles son las necesidades relacionales más importantes?

Seguridad.

Es la necesidad primordial con la que los bebés llegan al mundo, la experiencia visceral de que su vulnerabilidad física y emocional no va a ser dañada. Esto implica proporcionar al bebé un entorno seguro y básicamente de cuidados, donde no falte el contacto físico respetuoso, que a medida que crezca irá tornándose además en un ambiente en general libre de críticas, juicios y, por supuesto, insultos o agresiones.

La seguridad es el sentimiento de que uno puede mostrarse tal como es y, simultáneamente, estar en armonía con otro. En este contexto uno puede mostrar su vulnerabilidad, sus limitaciones, sus aspectos más íntimos, y saber que, pase lo que pase, no va a ser dañado.

Sentirse validado e importante dentro de una relación

A medida que el niño empieza a ser consciente de sí mismo en la relación, necesitará sentir que es tenido en cuenta, y que sus pensamientos, afectos, fantasías, necesidades… nos interesan, simplemente porque son suyas, y que lo que dice hace, siente o piensa tiene un valor para nosotros, aunque podamos no estar de acuerdo o entenderlo del todo.

Físicamente, necesitan percibir ese brillo en la mirada al verlos, y ese contacto espontáneo que deja bien claro que nos gustan, que queremos estar con ellos, que aunque a veces la relación pase por dificultades, estar juntos nos merece la pena.

Aceptación por otra persona que sea estable, fidedigna, y protectora

Psicoterapia IntegraCada uno de nosotros recuerda la necesidad de confiar y mirar con admiración a nuestro padre, madre, maestros u otras personas adultas significativas. Los niños necesitan especialmente tener cerca a otros más fuertes, más sabios, más consistentes, de quienes obtengan protección, orientación y guía. Y a menudo necesitan idealizar.

Esto implica algo importante para todo aquel que se relaciona con niños, bien a través de la crianza o de manera profesional: la responsabilidad de ser un buen modelo, alguien a quien nos gustaría que nuestros niños quisieran parecerse, y de crecer para estar suficientemente a la altura de lo que los niños necesitan ver en nosotros y nosotras.

Confirmación de la experiencia personal

Se trata de la necesidad de compartir la experiencia personal y ver que otras personas viven o han vivido experiencias parecidas. Va apareciendo paulatinamente sobre los 3 años y se va haciendo más fuerte a medida que el niño crece, hasta alcanzar su punto culminante en la adolescencia.

Por un lado, esta necesidad nos habla de facilitar la posibilidad de estar con otros niños y niñas, de ver que hay personas similares, con experiencias parecidas. Los adultos debemos proporcionar espacios seguros física y afectivamente para que se lleven a cabo estas relaciones entre iguales.

Además, podemos compartir las propias experiencias, contando cómo resolvimos un conflicto similar al del niño, recordando con ellos pasajes de nuestra infancia, y compartiendo vulnerabilidades o sentimientos y fantasías similares a las suyas.

Autodefinición

Psicoterapia IntegraDesde las primeras actividades motrices y ¡una vez más!, alcanzando su culmen en la adolescencia, está la necesidad de descubrir, elegir y expresar la propia singularidad (lo que soy, lo que pienso, lo que me gusta, lo que no me gusta…), y recibir reconocimiento y aceptación por el otro.

Debemos evitar en la medida de lo posible las etiquetas positivas y negativas, afirmaciones como “esta niña es muy…”, “desde que nació ha sido…”, y calificar en todo caso las conductas y expresiones concretas sin abarcar con nuestras opiniones la personalidad del niño o niña. En resumen, protegerle de nuestras generalizaciones y prejuicios.

Por otra parte, es importante que posean cierta autonomía para que sean dueños de sus logros, acompañarles y celebrarlos con ellos, pero tener por norma general no hacer por ellos lo que pueden aprender a hacer solos (sin perjuicio de que hacer algo por otra persona es una estupenda muestra de cariño). Así podrán ir “viviéndose” y “descubriéndose” a través de su experiencia.

De manera normal en algunos momentos del desarrollo, o por la ausencia de reconocimiento y aceptación en otros, la expresión de la auto-definición a veces toma forma de oposición y búsqueda activa de conflicto. Nuestra actitud debe ser la de comprender la función de la conducta, revisar lo que está percibiendo el niño, y mantener la firmeza en lo que consideramos importante, con una presencia consistente de respeto incluso ante el desacuerdo.

Tener un impacto en la otra persona

Necesitamos sentir que podemos influir en los otros de alguna manera: atrayendo su atención, influyendo en el afecto o conducta del otro…

En niños pequeños esto significa en general dar respuesta a sus expresiones emocionales, por ejemplo proporcionando consuelo cuando está triste, promoviendo un afecto de seguridad cuando está asustado, tomándolo en serio cuando está enfadado, y compartiendo su alegría cuando está contento. A medida que el niño va creciendo, la sintonía con esta necesidad incluirá solicitar su opinión, discutir positivamente, y llegar a acuerdos.

En niños mayores y adolescentes, el no cubrir esta necesidad puede suponer su exigencia a través de conductas problemáticas: malos resultados escolares, conductas inadecuadas, ruptura con normas y límites conocidos, lenguaje desagradable… Parémonos a pensar si obtienen más atención e impacto así que cuando buscan nuestra atención de manera más saludable.

Necesidad de que el otro tome la iniciativa

Las relaciones se vuelven más importantes y satisfactorias cuando la necesidad de que el otro tome la iniciativa está satisfecha. Cuando sabemos que no siempre es uno el que tiene que buscar la atención, ayuda o implicación del otro.

Iniciar juegos, acercarnos activamente al niño, ser quienes le buscan después de un enfado, tener un detalle inesperado, preguntar por sus cosas… Son ejemplos de situaciones en las que se toca esta necesidad.

Necesidad de expresar amor

Mucho de lo que hacen los niños cuando están con nosotros es una expresión de amor. Sus gracias y ocurrencias, su emoción cuando llegamos a casa, el mostrarnos sus logros, sus demandas y preguntas, su búsqueda de contacto físico, el querer hacer algo con nosotros…

A veces convivir con niños puede resultar agotador y puede resultar desbordante para el o la adulta tener un papel tan central en la vida de alguien. Es importante buscar nuestros espacios para satisfacer nuestras propias necesidades (en el fondo tan parecidas a las de los niños), pero es nuestra responsabilidad que sientan que, por regla general, sus expresiones de cariño, por excesivas o poco adecuadas que nos resulten, son aceptadas.

¿Cómo podemos asegurarnos de que la relación que tenemos con un niño está cubriendo sus necesidades?

Puede parecer complicado y exigente estar atento o atenta a tantas cosas y responder en consecuencia, especialmente cuando nos encontramos cansados, estresados o con nuestras propias necesidadesgabby-orcutt-98868 en “stand by”. Me parece importante recalcar que no importa tanto la perfección en cada una de nuestras transacciones, ni la ausencia de errores, sino que la tónica general de la relación vaya en esta línea, y que las crisis inevitables nos ayuden a ir replanteando y actualizando la relación, porque no debemos olvidar que con un ser humano en crecimiento, ésta es nueva a cada paso.

Si pasamos tiempo con los niños, estando verdaderamente presentes (sin móviles, televisión u otros distractores), si estamos atentos y somos sensibles a sus expresiones e ideas, si nos implicamos en la relación y podemos “sintonizar” con ellos, muy probablemente ya estamos dando, de manera natural, una respuesta recíproca adecuada a cada necesidad.

Pero en muchas ocasiones, por más que nos esforcemos, vemos que falta algo, que hay demandas que no toleramos o que algo falla en la relación. En estos casos puede ser un punto de inflexión necesario buscar ayuda para resolver nuestras propias carencias, para vernos desde fuera y mirar si el niño o niña que fuimos, y el adulto que somos, tienen resueltas estas necesidades. Entonces la relación podrá fluir en esta línea de manera natural y sana.

Verónica Diez Aramburu

Verónica Diez Aramburu es una profesional de la psicología con más de 15 años de trayectoria dedicada al acompañamiento en los planos organizacional, psicológico y educativo. Ha trabajado con diversos colectivos en diferentes circunstancias y estadios evolutivos (niños y niñas, adolescentes, personas adultas y mayores).

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