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¿QUÉ DICE TU CUERPO DE TÍ? CONOCER Y CAMBIAR EL GUION CORPORAL

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¿QUÉ DICE TU CUERPO DE TÍ? CONOCER Y CAMBIAR EL GUION CORPORAL

En la Psicoterapia Relacional Integrativa, entendemos a la persona como el resultado de la interrelación entre los sistemas cognitivo, conductual, afectivo y fisiológico, dentro de un contexto relacional. Esta visión integradora y sistémica implica que los cambios generados en alguno de los elementos necesariamente van a provocar cambios en los demás. Por lo tanto, cuantos más niveles de tratamiento pueda integrar el terapeuta, mayor será la probabilidad de éxito.

El cuerpo juega un papel importante en los procesos terapéuticos, puesto que a través de él accedemos a gran parte de los hábitos y actitudes inconscientes, a veces de una manera más rápida e intensa que la cognitiva.

En el cuerpo se lee una gran parte de la historia y el presente de la persona: sus recuerdos traumáticos, sus miedos, sus estilos de afrontamiento, sus emociones más disponibles y las más reprimidas…

Por ejemplo, un niño que vive experiencias repetidas de miedo es posible que desarrolle una postura corporal encogida, con los hombros cerrados, como protegiéndose de un nuevo ataque. Igualmente, un adulto que debe repetidamente reprimir su enfado, por ejemplo porque esté viviendo una situación injusta en el trabajo, es posible que tenga que tensar crónicamente, entre otras cosas, las mandíbulas y los hombros, lo que suele generar dolor y problemas articualares.

Como sucede en otros planos, las experiencias tempranas son más determinantes e influyentes en lo corporal, ya que los niños empiezan a conformar sus creencias básicas sobre ellos mismos y los demás desde que nacen, mucho antes de que dominen las palabras y el pensamiento lógico, secuencial y concreto, es decir, cuando están aún operando en los estadios sensoriomotor (0-2 años) y preoperacional (0 a 7 años) del desarrollo, según Piaget. En esas fases en las que somos todo -o casi todo- cuerpo, pensamiento mágico y emoción. Es entonces cuando se desarrolla lo que Wilhelm Reich llamó la “coraza caracterial”, la historia que no se recuerda con imágenes y palabras sino que se lleva implícita en los músculos, articulaciones y órganos internos. Como habrás intuido, muchos problemas de salud tienen su origen en esas experiencias tempranas.

¿Qué señales podemos leer en el cuerpo?

Determinadas “pistas” reflejan nuestra historia relacional y emocional, y lo que hemos tenido que sujetar y contener dentro del propio cuerpo (recuerdos, emociones, necesidades relacionales, tendencias expansivas, espontaneidad…). Prestemos atención a todo lo que tiene que contarnos:

  • Mi postura: ¿camino y me siento erguido, encorvado, echado hacia delante o hacia atrás…? ¿Cómo tienden a posicionarse mis lumbares, mi pelvis, mi tórax, mi cabeza?
  • Mi tono muscular: ¿transmite vitalidad, tensión excesiva, o cansancio y desvitalización?
  • Mi estilo general de movimiento: ¿es fluido y armónico, tenso, desorganizado, expansivo, contenido…?
  • Mi comunicación no verbal: cómo son mis gestos, cuáles son mis tics o movimientos más característicos, qué partes se mueven y que partes quedan “muertas” o congeladas…
  • Dónde acumulo tensión, dónde suelo sentir dolor o incomodidad.
  • ¿Me resulta fácil percibir mi cuerpo, conectar con él, identificar mis sensaciones físicas? ¿O por el contrario estoy desconectada de él?
  • ¿Qué cantidad y calidad de contacto físico me resulta agradable? ¿Cuál es mi distancia interpersonal preferida?
  • ¿Cómo es mi relación con mi cuerpo? ¿Lo cuido, lo alimento de una manera saludable, hago ejercicio, duermo lo suficiente…?
  • Mis síntomas físicos y somatizaciones, mi historia de salud.
  • Mi historia de desarrollo psicomotor y psicosexual.

¿Cómo se trabaja con el cuerpo en una consulta de psicoterapia?

En primer lugar, se hace siempre dentro de los límites que marque el contrato terapéutico, y en el marco de una relación terapéutica de pleno contacto, con una base de seguridad, implicación, confianza y respeto. En ese contexto, algunas de las formas de incluir el cuerpo en la psicoterapia son:

  • Mediante técnicas de relajación somática, conciencia corporal, mindfullness…
  • Aumentando el procesamiento consciente de las sensaciones físicas: qué siento, dónde, en qué parte del cuerpo guardo mi enfado, mi miedo, mi tristeza…
  • Llevando la atención a los puntos de tensión, de dolor… y pidiendo a la persona que evoque los recuerdos, imágenes, palabras o sensaciones que se suscitan.
  • Haciendo silla vacía con síntomas físicos: desde cuándo está ahí ese síntoma, qué quiere decirle, para qué.
  • Visualizando o utilizando metáforas sobre el cuerpo, como imaginar ese “corazón que duele”, esos puños que quieren golpear, el abrazo de alguien querido…
  • Exagerando gestos y movimientos repetitivos para hacer consciente su significado, por ejemplo, dejar que los hombros se cierren, que los puños apretados golpeen, aumentar la presión en su mandíbula…
  • En algunos casos se pueden realizar con la persona ejercicios de bioenergética, movimientos de estiramiento o desbloqueo articular…
  • Mediante el contacto físico cuidadoso y respetuoso del terapeuta en esos puntos donde se almacenan memorias traumáticas o emociones reprimidas. Esto puede hacerse a través de un leve contacto o a través de un masaje profundo, según el momento y la necesidad de la persona.
  • Por supuesto, haciendo recomendaciones de autocuidado respecto al cuerpo: actividad física, alimentación, hábitos de sueño, chequeos médicos…

Debido a que no siempre es fácil llegar en consulta a los recuerdos corporales, y que su procesamiento requiere una cantidad considerable de tiempo y nivel de intimidad, una recomendación habitual cuando existe retroflexión, es que la persona acuda a algún tipo de actividad o terapia dedicada íntegramente al trabajo corporal, bien a nivel individual (fisioterapia, osteopatía) o grupal (actividades tipo yoga, feldenkrais, algunos trabajos de danza, algunas formas de deporte…). Así ambos procesos se complementan y retroalimentan, colaborando en el bienestar integral de la persona.

¿Cómo puede cambiar el cuerpo?

Las personas que han llevado a cabo un proceso terapéutico relacional e integrativo experimentan una liberación de las tensiones, una relajación de la coraza corporal, se sienten más cómodas dentro de su cuerpo, con mayor sensación de vitalidad, facilidad de movimiento y sentimiento de bienestar.

Aumentan las actitudes de respeto y cuidado al cuerpo, lo cual suele reflejarse en el aspecto externo.

El estado de salud y bienestar general suele mejorar, a veces de manera llamativa, otras más sutil.

Así que… más poderosas razones para adentrarse en un proceso terapéutico. ¿Empezamos?

Verónica Diez Aramburu

Verónica Diez Aramburu es una profesional de la psicología con más de 15 años de trayectoria dedicada al acompañamiento en los planos organizacional, psicológico y educativo. Ha trabajado con diversos colectivos en diferentes circunstancias y estadios evolutivos (niños y niñas, adolescentes, personas adultas y mayores).

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