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Las etapas de la vida según Erikson

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Las etapas de la vida según Erikson

Erik Erikson (1902 – 1994), fue un brillante psicoanalista estadounidense de origen alemán, destacado, entre otras cosas, por sus contribuciones a la psicología del desarrollo.

Su extraordinaria originalidad e independencia, su experiencia como maestro y psicoanalista de niños y adultos, su interés por la antropología y sus experiencias personales nada comunes para la época hicieron de este hombre una referencia aún vigente en muchos ámbitos.

Junto con su esposa, la coreógrafa y educadora Joan Mowat Erikson, describió los Estadios Psicosociales del Desarrollo Humano, los cuales son de gran utilidad, por ejemplo, para la comprensión de las tareas a abordar en un proceso terapéutico.

El título de cada etapa viene dado por las polaridades del resultado al que se puede llegar según cómo se resuelva. Dicho resultado condiciona cómo se van a vivir las siguientes etapas, de manera que cada estadio constituye una base más o menos confiable sobre la que construir el siguiente. Por ejemplo, sin una sensación de confianza interna no se logrará una buena autonomía, sin autonomía no habrá espacio para atreverse a hacer nuevas cosas, sin impulso e iniciativa habrá poca actividad creativa, etc.

Estos estadios serían:

  1. Confianza vs Desconfianza

Desde el nacimiento hasta los dieciocho meses.

En esta etapa está en juego la confianza básica, una sensación visceral de que no voy a ser dañado, y el tipo de patrón relacional y apego que condicionará futuros modos de estar en relación. Su resolución depende fundamentalmente del vínculo que hayan creado los cuidadores principales con el bebé, es decir, de la calidad de los cuidados, sensibilidad, atenciones y primeras comunicaciones.

Hay que tener en cuenta que el bebé es en esta etapa muy receptivo a los estímulos ambientales, y por ello sensible y vulnerable a las experiencias de frustración y sobreestimulación. Requiere por tanto de adultos estables y sintonizados con sus necesidades y atentos a su bienestar.

La resolución positiva de esta etapa deriva en personas con una sensación interna de bienestar, de estar seguro.

  1. Autonomía vs Vergüenza y duda

Desde los 18 meses hasta los 3 años.

Durante este estadio el niño realiza gran parte su desarrollo cognitivo y muscular, comenzando a controlar su cuerpo y sus funciones, y desarrollando cierta autonomía. Necesita de adultos que acompañen y valoren sus logros, que le dejen espacio para experimentar con su cuerpo y que respeten sus ritmos de aprendizaje, en una relación segura y respetuosa.

Debemos tener en cuenta que este yo se afirma muchas veces oponiéndose a los demás, de manera que el niño experimente el poder que tiene de influir sobre su entorno. La respuesta adulta irá encaminada a entender la función de estas conductas y darles espacio, sin descuidar la firmeza en lo que consideremos importante para su bienestar.

La resolución positiva de esta etapa desemboca en una sensación de autonomía y de sentirse como un YO independiente.

  1. Iniciativa vs Culpa

Desde los 3 hasta los 5 años.

El desarrollo físico e intelectual del niño en esta etapa continúa siendo muy rápido, y suele contar con una inmensa energía que a veces desborda a los adultos que le rodean. Es la edad del juego, la imaginación, el lenguaje, el movimiento…

Crece su interés por relacionarse con otros niños, poniendo a prueba sus habilidades y capacidades, y de alguna manera conociéndose a través de la diferencia.

La tarea de su entorno es reconocer el valor de sus preguntas, ocurrencias, juegos e iniciativas, procurando un espacio seguro y con límites claros para el desarrollo de toda su actividad, y respetar su autodefinición evitando comparaciones, juicios y etiquetas.

Una resolución positiva de esta etapa derivará en una autoestima sana y en un impulso a la iniciativa y la proactividad.

  1. Laboriosidad vs Inferioridad

Desde los 6-7 años hasta los 12 años.

Los niños empiezan a mostrar un interés genuino por aprender, quieren entender cómo funcionan las cosas, y empiezan a llevar a cabo actividades que tienen un propósito, es decir, es la edad de embarcarse en proyectos, planificando a su manera y poniendo en uso sus conocimientos y habilidades. Además, su grupo de iguales por lo general comienza a adquirir una relevancia trascendental para ellos, por lo que sería ideal que muchos de estos proyectos fueran grupales.

Es muy importante en esta etapa la sensación de logro, de poder hacer cosas y hacerlas bien, y de ser bien aceptado y reconocido por el grupo, por lo que deberemos estar atentos a cuáles son sus talentos y capacidades y proporcionarles espacios en los que desarrollarlas y sentirse valorados. Esto es especialmente importante en niños en los que las habilidades “académicas” no son las más relevantes.

La resolución positiva de esta etapa derivará en personas implicadas, con proyectos y habilidades para llevarlos a cabo.

  1. Exploración de la Identidad vs Difusión de Identidad

Desde los 13 años hasta los 21 años.

En esta etapa cada persona se formula insistentemente una pregunta: ¿quién soy?

Los adolescentes empiezan a tomar distancia de los padres, pasando más tiempo con su grupo de iguales, aunque aún les necesitan como “lugar seguro” al que volver. Comienzan a hacer planes más o menos realistas sobre su futuro: qué estudiar, a qué dedicarse, dónde vivir, qué tipo de vida tener… Exploran sus posibilidades y comienzan a apuntalar su propia identidad basándose en las experiencias vividas fuera del núcleo familiar. Esta búsqueda conlleva necesariamente que en ocasiones se sentirán confusos y asustados.

Es algo común que a lo largo de esta verdadera “crisis de identidad” se reaviven los conflictos de cada una de las etapas anteriores, para desesperación de los adultos que les rodean, pero constituyendo en realidad una oportunidad para “corregir” los fallos y asentar las bases de una personalidad sana.

Una resolución positiva de esta etapa derivará en un adecuado autodescubrimiento, en un saber quién soy y qué quiero hacer en el mundo, en personas capaces de soñar e ilusionarse con su vida.

  1. Intimidad frente al Aislamiento

Desde los 20 años hasta los 40 años.

La forma de relacionarse con otras personas se modifica, el individuo empieza a priorizar relaciones que ofrezcan y requieran de un compromiso recíproco, y una intimidad que genere una sensación de seguridad, de compañía, de confianza.

La resolución positiva de esta etapa conlleva personas capaces de establecer relaciones de intimidad, pudiendo estar cerca de otros sabiendo quién son, sin “perderse” a sí mismas ni funcionar de manera irracionalmente defensiva.

  1. Generatividad frente al Estancamiento

Desde los 40 años hasta los 60 años.

En esta etapa la persona suele dedicar gran parte de su tiempo a sus proyectos vitales (su trabajo, su familia y allegados…)

Suele ser una dificultad encontrar el equilibrio entre lo que hace para otros y para él mismo, entre la sobrecarga y el estancamiento, entre lo que hace para el futuro (suyo, de sus allegados, de otros) y lo que hace para vivir hoy.

Aparece el sentimiento de que es importante ser y sentirse útil, y de alguna manera la motivación por hacer algo constructivo, lo cual puede lograrse a través de las diferentes formas que el individuo identifique como motivantes: la profesión, la crianza y educación de los hijos, la enseñanza, la inventiva, la ciencia, el arte, el activismo social…

Una resolución positiva de esta etapa deriva en personas que se implican y se sienten útiles, que encuentran un sentido a su vida y a lo que hacen con su tiempo, que quieren contribuir en algo a la sociedad y encuentran maneras de llevarlo a cabo.

  1. Integridad del yo frente a la Desesperación

Desde los 60 años hasta los 80-90 años.

Aparece aquí una necesidad de integración, de aportar coherencia y hacer una totalidad de su vida, dotándola de significado y sentido. Esto significa sentir que merece la pena vivir. También es una etapa en la que toca aceptar lo que se ha vivido, que hay cosas que se podían haber hecho mejor, que hay cosas que ya no se va a vivir y afrontar los duelos que esto conlleva. Y sin embargo, seguir sintiéndose satisfecho y coherente.

Si esta etapa se resuelve positivamente tendremos personas con un fuerte sentido vital, convencidas de que su vida ha tenido y tiene sentido, capaces de integrarla y conscientes de las elecciones que han ido tomando.

  1. Trascendencia

Después de la muerte de Erikson, en 1994, su mujer Joan añadió un noveno estadio para la vejez avanzada.

Este estadio, a partir de los 80-90 años, está acompañado de pérdida: de salud física, de amigos, de familiares, de independencia y de integración en la sociedad. Sin embargo, también aparece una necesidad de prestar atención a los aspectos más trascendentales de la existencia, como si la persona se sintiera más desligada de sí mismo para fundirse con la globalidad.

En este estadio se hacen pequeñas regresiones a los anteriores, siendo la última oportunidad para integrar y dar un nuevo cierre a los aspectos que no se han resuelto positivamente.

Si esta etapa se resuelve positivamente, la persona tendrá un fuerte sentido de trascendencia, a la vez que una sensación de “volverse libre”, de poder ir marchándose poco a poco, viendo la muerte como una inevitable realidad y con la sensación de haber vivido lo suficiente.

 

Verónica Diez Aramburu

Verónica Diez Aramburu es una profesional de la psicología con más de 15 años de trayectoria dedicada al acompañamiento en los planos organizacional, psicológico y educativo. Ha trabajado con diversos colectivos en diferentes circunstancias y estadios evolutivos (niños y niñas, adolescentes, personas adultas y mayores).

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